31 d’agost 2008

Rescatar Sa Llonja de Sagrera

diariodemallorca.es 31-8-2008

Mientras en el exterior y el interior de sa Llonja prosiguen las obras, su arquitecto Pere Rabassa aguarda el beneplácito de la Comisión de Seguimiento que le permita modificar el proyecto original
El andamio en el interior permite alcanzar las bóvedas. Foto: Sebastià Llompart
LOURDES DURÁN. PALMA. En octubre, la reforma inicial de sa Llonja podría dar un vuelco si la Comisión de Seguimiento da luz verde a la propuesta del arquitecto Pere Rabassa de llevar a cabo "una reforma fiel al edificio original de Sagrera". El proyecto elaborado por el ministerio de Fomento años atrás y que ha reposado en cajones de dependencias oficiales era sustituir la actual cubierta elevada por una cubeta plana en forma de paralelepípedo de cobre oxidado. Rabassa contempla esta idea, que aún es la que está en el proyecto de reforma aprobado, como "una equivocación" porque "la arquitecta Ángela Alcázar interpretó que esta cubierta ya formaba parte de la imagen de la ciudad. Si la hacemos más alta y encima de cobre, sería un grito en el centro histórico de Palma. No voy a consolidar una solución equivocada".
Mientras se mantiene este compás de espera que el arquitecto aguarda con esperanza de que se apruebe su modificación, la que fuera inmensa nave de venta de pescado en el gótico mallorquín está, en la actualidad, vestida de aluminio, sin corchetes, en sintonía con los ritmos del propio edificio.
A los andamios del exterior se ha sumado una inmensa torre en su interior que permite comprobar el estado de las bóvedas. El beso al cielo del edificio gótico se ha alzado satisfecho. "Están en muy buen estado. Los crujidos que se ven en sus muros son históricos pero no han supuesto apenas movimiento al edificio. Estamos ante una verdadera lección de arquitectura, tanto en el uso del material, las piedra de marés para las bóvedas y la de piedra de Santanyí que Sagrera utilizó para columnas y arcos, como en la estructura del mismo".
Estar tan cerca de las claves, del rosetón, que en sa Llonja son de madera, permitirá hacer un estudio iconográfico exhaustivo. En cualquier caso, el estudio de las claves se hará finalmente sobre la cubierta. Este cuerpo metálico también servirá para limpiar las ventanas interiores del edificio.
Joaquín Izquierdo es el aparejador de esta reforma que empezó la pasada primavera, y para la que se han destinado inicialmente 2.500.000 de euros. Explica otro aspecto de la reforma, no menos importante: la limpieza. La humedad y, sobre todo, las mordidas hechas en anteriores restauraciones, han provocado esas manchas atigradas que pintan las torres del exterior.
"Vamos a utilizar un sistema de limpieza de sepiolita mezclada con agua destilada y celulosa", señala. La sepiolita es es un baño de barro que actúa sobre la piedra como un exfoliante sobre la piel, arrastra las impurezas sin lastimar". De este modo, se eliminan las sales que rompen la piedra. Como curiosidad, los restos de orificios de balas de la guerra del 36, tapados en restauraciones anteriores.
Es en el tejado donde se aprecian los daños a las molduras. Han aparecido numerosos cortes de disco al que pusieron mortero con aditivos sintéticos como resinas. Fue en la última restauración llevada a cabo en el edificio de Sagrera, y veinte años atrás, era técnica habitual. Hoy se ha revelado del todo ineficaz. También se ha desechado la técnica del láser y del agua a presión para limpiar muros porque "son muy abrasivas", indica Izquierdo.
Tanto el arquitecto como el aparejador se rinden a la evidencia de la maestría de Guillem Sagrera. En 500 años el desplome máximo de las fachadas y del interior es de 3,3 centímetros.
Mientras se espera el veredicto de la comisión, las obras prosiguen. En octubre, sa Llonja se vestirá de lona para ofrecer al paseante su imagen en tela.