24 de maig 2010

Del Estudio General Luliano a la Universidad Literaria

diariodemallorca.es 23-5-2010

BARTOMEU BESTARD (*) Los Estudios Generales fueron aquellos centros de estudios de origen medieval fundamentados bajo la sola autoridad del Rey, por lo que las titulaciones que expedían sólo tenían validez en los territorios del monarca. Frente a estos Estudios Generales estaban las Universidades, las cuales dependían del Papa, cuya autoridad se ejercía per Universum orbem et ubique terrarum. La fundación de la universidad mallorquina, que se conoció como la Universidad Literaria, presenta dos épocas marcadas, precisamente, por su condición inicial de Estudio General, durante el siglo XV, y su conversión en Universidad Pontificia en la segunda mitad del siglo XVII. Para el caso de Palma, cabe decir que a la denominación de Estudio General se añadió la de ´luliano´, por seguir las doctrinas del patriarca mallorquín Ramon Llull.
La influencia del ´doctor iluminado´ en la historia del pensamiento en Mallorca siempre fue formidable. Después de su muerte, ni dentro ni fuera del reino insular se dejó de enseñar su doctrina. Desde un principio, su pensamiento gozó de la simpatía y adhesión de las clases acomodadas de la isla, las cuales procuraron sus enseñanzas en escuelas e iglesias. Entre las personas que con su celo y dinero ayudaron a difundir el lulismo en Mallorca, descuellan dos damas de rimbombante alcurnia: Beatriu de Pinós y Agnés de Pax.
La primera destacó por su gran inteligencia, admiración y estudio del beato. Esta gran señora, al quedar viuda, se retiró del mundo y se empeñó en que se enseñase la doctrina del sabio mallorquín. Creó una cátedra luliana en la casa que coronaba la montaña de Randa y también fundó, con la misma intención, un beneficio en la capilla de Nuestra Señora de Montesión. Fueron patronos de dicha fundación los jurados de la Ciudad y Reino de Mallorca. Murió doña Beatriu en 1482. Sus restos descansan desde entonces en la Catedral, en un bello sarcófago de piedra blasonado con sus armas. Por otro lado, en 1485, otra dama mallorquina, doña Agnès de Pax, dotó con 100 libras en censales otras escuelas de doctrina luliana. En su testamento facultaba como maestro al prestigioso lulista Pere Daguí. Las cátedras creadas por estas dos señoras pueden ser consideradas las bases fundacionales del Estudio General Luliano.
El proyecto de creación de un Estudio General fue incoado en 1483 por el Gran i General Consell de Mallorca con la finalidad de evitar que los naturales de la isla tuviesen que embarcarse hacia el continente para graduarse. Por ello se solicitó al rey Fernando un privilegio por el cual se autorizase a los jurados del Reino a erigir un Estudio General. El monarca accedió y ordenó que se crease uno con las mismas características que el que había en Lérida. Equivocado está quien piense que al otorgar el rey este privilegio ya se tuvo hecho el Estudio General, antes al contrario, la formación de esta institución fue lenta y laboriosa.
La primera sede principal del Estudio General Luliano estuvo en Montesión. Los jurados querían unificar allí las enseñanzas repartidas por la ciudad. En 1561 los jurados cedieron a la Compañía de Jesús las casas de Montesión, por lo que el Estudio General se tuvo que trasladar a la escuela que había fundado hacía casi cien años Beatriu de Pinós, cerca de la Seu, donde aún hoy se encuentra.
A cuentagotas se iban fundando las cátedras mediante donaciones testamentarias. Por ejemplo, en 1620, el patricio Gabriel Riera en su testamento instituyó tres cátedras, de teología y arte "para evitar a los hijos del Reino que quieran graduarse el peligro de embarcarse para ir a las universidades de España expuestos al naufragio, al cautiverio y gastos que perjudiquen su hacienda". Entre las personas que ocuparon cátedras del Estudio General sobresalieron figuras señeras de nuestra cultura: el ya citado Pere Daguí; su discípulo Arnau Descós; Bartomeu Caldentey —que junto a Calafat hicieron funcionar la primera imprenta de la isla—; Joan Cabaspre, reconocido lulista; Nicolau de Pax, hombre de confianza del cardenal Cisneros y que acabó de catedrático en la Universidad de Alcalá; Esperandéu Espanyol, sobrino de la fundadora Agnès de Pax; Gregori Genovard; Antoni Bellver, a quien Felipe II encargó un índice de las obras de Ramon Llull para luego pedírselas a los jurados del Reino con la intención de integrarlas en su colosal y especial librería del Escorial. A pesar de contar con tan selecto profesorado, la mayoría de la juventud mallorquina no acudía al Estudio General para obtener el graduado, pues seguía prefiriendo salir de la isla. Ello era debido a las limitaciones jurisdiccionales monárquicas de la institución académica. Obteniendo el grado en una universidad pontificia se extendía considerablemente la validez de las titulaciones.
Esta pega no pasó desapercibida a los jesuitas —que ya tenían su colegio en Montesión y, por supuesto, el visto bueno pontificio—, que en 1626 solicitaron a Felipe IV privilegio para conferir grados en su colegio, solicitud que fue aprobada por el monarca ese mismo año. La reacción de los jurados del Reino fue inmediata, pues barruntaban la ruina del Estudio General. Finalmente, tras un pequeño rifirrafe entre los jesuitas y los jurados, se llegó a un acuerdo conviniendo que se pediría el indulto pontificio para el Estudio General y posteriormente las cátedras de Teología escolástica, de Montesión, pasarían a ser leídas en el Estudio General, mientras que las escuelas de Gramática quedarían en el centro de los jesuitas. Finalmente, el 17 de abril de 1673, gracias al Breve aprobado por Clemente X, el Estudio General se convertía en la Universidad
Literaria y Pontificia.