07 de febrer 2010

El monolito

diariodemallorca.es 7-2-2010
JOSÉ FCO. CONRADO DE VILLALONGA En el transcurso de una cena, a la que fui invitado, el tema de conversación fue la polémica que se ha organizado en torno al monolito de sa Feixina, monumento dedicado a los marineros que murieron en el crucero Baleares durante la última guerra civil. Yo expresé mi opinión, con la que el resto de comensales estuvieron de acuerdo. Uno de los invitados me sugirió que escribiese un artículo sobre este tema y otros, sin embargo, me lo desaconsejaron. Estos últimos pensaban que si expresaba mi opinión, mejor dicho nuestra opinión, podría ser tildado por los impulsores de la destrucción del monumento de derechista o incluso de fascista. A pesar del bien intencionado consejo, voy a escribir lo que pienso desde la libertad en la que creo y de la que, gracias al esfuerzo de algunos, hoy disfrutamos todos.
Vaya por delante y para los que discrepen de lo que voy a decir que no he tenido ningún pariente que estuviese embarcado en el crucero Baleares. Tampoco soy sospechoso de defender, o haber defendido, el régimen del General Franco, más bien al contrario, formé parte de Unión de Centro Democrático hasta su extinción, incluso ocupé un cargo en el gobierno preautonómico. UCD tuvo la enorme responsabilidad de desmontar el régimen anterior y organizar un sistema basado en la libertad, la democracia y la descentralización administrativa. Un nuevo régimen de derechos y libertades. Y como esto está acreditado, puedo decir y escribir en donde sea que discrepo totalmente de los que quieren derribar el monolito de sa Feixina y que defiendo su permanencia.

Este es un monumento que, con independencia de su valoración artística, es el estilo de la década de los 40, se erigió en recuerdo de unos marineros, creo que unos 700, que murieron embarcados en el crucero Baleares, la mayoría de ellos eran mallorquines. Aquellos jóvenes estaban en este lado de la contienda como podían haber estado en el otro. Lo más probable es que ellos, y los otros, formaran parte de uno u otro bando según el lugar de residencia al inicio de la contienda. Pues bien, si esto fue así, ¿por qué hay que castigarlos y humillarlos hoy, después de 60 años?, ¿dónde estamos?, ¿qué es eso?, ¿no gusta la historia? Lo siento, pero la historia, lo mismo que las leyes físicas, no se pueden cambiar. Si a ello le añadimos que, al parecer, el monolito fue erigido por suscripción popular, destruyéndolo se ofenderá a los muertos, a sus familiares y también a aquellos que pusieron generosamente su dinero para construirlo. ¿Qué necesidad tenemos ahora de molestarles a todos?, ¿qué necesidad hay de crispar la convivencia?
Hablando de necesidades ¿Acaso no tenemos asuntos más imperiosos en los que invertir nuestros impuestos? Hay mucho que hacer, mucho que mejorar. A modo de ejemplo me atrevo a sugerir, por si la opacidad intelectual de los promotores del desaguisado no les permite proponer en positivo, la limpieza de las calles, la iluminación, el cuidado de los jardines, nuevas zonas verdes, los problemas del tráfico, la seguridad de los viandantes, el ruido, el descanso de los ciudadanos, el control de los gamberros que toman la calle con total impunidad, más eficiencia y menos impuestos, contribuciones, tasas... Esto es lo que realmente preocupa al ciudadano y esto es progresismo, lo otro, la destrucción de monumentos, es sencillamente incultura.

Los grandes pueblos crecen y se desarrollan a partir de su historia, con sus muertos incluidos. La convivencia a veces frágil de la que podemos disfrutar hoy procede de lo que nos han dejado otras generaciones, con sus aciertos y sus errores. Nietzche dijo que "patriotismo" es aquel conjunto de "virtudes" que no tuvimos y que ahora deberíamos tener. La paz, la concordia, no son consustanciales al hombre, más bien al contrario, si las disfrutamos es porque nos hemos esforzado en lograrlas, no permitamos pues que la amargura de algunos acabe con ello.