06 de febrer 2010

Lo que la piedra transpira


diarodemallorca.es 6-2-2010

Muros medievales en el casco antiguo. Foto: Carlos Garrido

CARLOS GARRIDO .WWW.CARLOS-GARRIDO.COM La historia es un ejercicio de psicología. Supone aplicar una variable transversal a ese día a día que para nosotros siempre es horizontal, continuo, segmentado. De repente, la historia te clava la evidencia de otras cosas que han existido en los mismos lugares que pisamos, momentos anteriores, pretederminaciones. Hace que veas tu entorno más en profundidad. Tal como deberíamos contemplar nuestras honduras interiores.
Por ejemplo, difícilmente somos conscientes de que generaciones enteras han ocupado nuestro mismo lugar. Han pisado las calles que pisamos, han habitado incluso en nuestras casas, han sufrido y disfrutado con lo mismo que nosotros. La ciudad viene a ser una especie de telar de Penélope que está en permanente tejer y destejer.
¿Pero cómo ser consciente? ¿De qué manera podemos sentir esa pertenencia a una saga que se pierde en el tiempo y nos proyecta hacia tiempos que no hemos conocido?
Sólo la piedra nos lo enseña.
Algunos muros venerables, de caserones, iglesias o conventos, parecen transpirar sus secretos en algunas ocasiones. Cuando la superficie aparentemente lisa, plana, se llena de segundos niveles. Ocurre en esos lienzos que comienzan a supurar humedad, manchas oscuras, musgos, pequeñas plantas. Parece como si del interior de la piedra, esa vida secreta que se ha ido acumulando durante siglos se decidiera a transparentarse.
La humedad, las sombras, revelan la antigüedad que permanece escondida. La manifiestan. Y con ella es como si regresaran las voces de los palmesanos de otros tiempos, los pasos antiguos, las emociones de otrora.
Sumidos en nuestras preocupaciones, obsesionados con la idea de que el presente es lo único que existe, no repararmos en ese lenguaje profundo. Esa revelación del alma de la piedra. Advirtiéndonos de que las respuestas a muchas de las cosas que nos preguntamos están en ese estrato oscuro e intemporal. Que sólo se manifiesta a quien es capaz de verlo.